POR KRISANNE VAILLANCOURT MURPHY | 1 de marzo de 2020
Primer domingo de Cuaresma
Lecturas diarias
English Reflection

Este año, la Cuaresma me llama a hacer un ejercicio de introspección y a desenmascarar lo que me tienta en la “parte más alta del templo”. En lugares altos y resbaladizos, el Diablo tentó a Jesús. La Cuaresma me hace la misma pregunta: “¿Qué propuestas tentadoras me distraen y me desvían del llamado de Dios en mi vida?”. 

desierto

A veces mi fe es débil, quiero evitar cualquier forma de sufrimiento. En esos momentos de debilidad, opto por soluciones rápidas, evito las tensiones y evito decir la verdad. Dejo inconcluso el arduo trabajo necesario para hacer las cosas bien porque, francamente, no quiero sufrir. 

A veces caigo en la tentación de dedicar demasiado tiempo y energía a cambiar los sistemas externos injustos, a tal grado que no me doy cuenta de que necesito realizar un importante trabajo interno para atender las áreas endurecidas de mi propio corazón. En realidad, los lugares altos y resbaladizos pueden estar muy cerca de casa.

Me parece que el viaje de la Cuaresma no se limita a 40 días. El crecimiento que se produce durante la “experiencia en el desierto” no se queda solamente en el desierto. Más bien, el aprendizaje obtenido se manifiesta en mi vida y en mi ministerio aún mucho después de estos días. 

Pero el propósito de esta temporada consiste en analizar y evaluar las partes de mí que quiero evitar. Partes que son orgullosas, revoltosas o vanidosas y que representan un impedimento para llevar la vida más profunda y auténtica que Dios propone.

Este es el momento en que Dios me impulsa a dar pequeños y valientes pasos para desenterrar lo que está enterrado. Las heridas y el sufrimiento de Jesús se manifiestan, y yo encuentro el coraje para aceptar mi propia fragilidad y debilidad. Aquí es cuando recuerdo la gracia salvadora de Dios.

Las Escrituras dicen claramente que cada uno de nosotros será tentado. Por fortuna, Jesús nos muestra la fe necesaria para afrontar las falsas promesas. Por la vasta misericordia de Dios, los días de Jesús en el desierto no terminan con las tentaciones de Satanás. 

El diablo se va y los ángeles vienen.

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *