jesus wept

POR MARCOS GONZALES | 29 de marzo de 2020
Quinto domingo de Cuaresma
Lecturas de hoy | English Reflection

Una multitud se congregó fuera de los muros del centro de detención juvenil en la mañana temprano, el cielo comenzó a cambiar de la oscuridad de la noche al claro azul del día. Este centro de detención se encuentra en la periferia del condado de Los Ángeles, símbolo de la marginación a la que las personas involucradas en nuestro sistema de justicia penal están relegadas. Esta mañana nos reuníamos para un oficio de Pascua al amanecer. El grupo congregado estaba compuesto en su mayor parte por padres de chicos encerrados allí dentro. También en la multitud había algunos padres cuyos hijos habían sido asesinados por la violencia de las bandas. Las lágrimas comenzaron, casi inmediatamente después de que lo hiciera la misa. Lágrimas de madres que habían perdido a sus hijos por la violencia y por la condena de los mismos a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Ese día presencié en las lágrimas de esas madres la misma angustia que la que María sintió por Jesús. Solo puedo imaginarme a las madres de aquella multitud clamando: “Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hijo todavía seguiría aquí”. Una desesperada súplica por encontrarse a uno mismo, a su familia, rotos por sistemas de encarcelamiento masivo, por el cauce de la escuela a la prisión, por los sistemas de desigualdad que empujan a personas a la marginalidad.

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En el Evangelio de hoy, Jesús viaja para ponerse en el lugar de la muerte, para recordarnos que la muerte no tiene la última palabra, “para que creas”. Él estará con aquellos rotos por la pérdida y dejará que sus lágrimas se unan a las de ellos. Jesús lloró…, por amor a su amigo, Jesús lloró. En las muchas veces que regresaba para estar con los jóvenes encerrados tras los muros de aquel centro de detención juvenil, me conmovía entre lágrimas por el dolor y la tristeza de ver a la sociedad arrojar a los jóvenes a una vida en prisión. Me encuentro perturbado y profundamente preocupado por una sociedad que es capaz de soportar en silencio ver a toda una comunidad ser diezmada por el sistema de encarcelamiento masivo. El Papa Francisco dijo que “a veces en nuestras vidas, las lágrimas son los lentes que necesitamos para ver a Jesús”. Fue en las lágrimas de las madres fuera de esos muros donde vi a Jesús llorando por la pérdida de estos chicos. En las lágrimas de los jóvenes encerrados vi a Jesús deseando desesperadamente nuestra liberación. Y sabemos que la muerte no tiene la última palabra. Llevamos con nosotros la esperanza radical de que los muertos resuciten y los sistemas de injusticia dejen de existir.

¿Estoy perturbado y preocupado por el sistema de encarcelamiento masivo, por el cauce de la escuela a la prisión que conduce a los jóvenes de color hacia este sistema?
¿Cómo me presentaré ante las Marías y las Martas a mi alrededor que lloran por la pérdida de sus hermanos, sus padres, sus hijos?
¿Cómo me llama a responder el vínculo que nos une?

1 reply
  1. Avatar
    Alejandra Benavides says:

    Querido Marcos… me tocaste el corazón. Dios te bendiga y te siga iluminando. Bendiciones.

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