POR CHRISTINA LEAÑO | 9 de abril de 2020
Jueves Santo
Lecturas de hoy
Reflection in English

El primer jueves de Cuaresma, tuve la bendición de conocer al Papa Francisco como parte del comité del Movimiento Católico Mundial por el Clima. Estuvimos allí para manifestar nuestra gratitud por la encíclica Laudato Si’ y nuestro compromiso de ponerla en práctica.

Yo no tenía previsto hablar, ya que supuse que el presidente de nuestro comité sería el vocero. Me di cuenta de que no sería así cuando el presidente terminó de hablar, y el Papa Francisco miró cuidadosamente a la siguiente persona. Esto se repitió hasta que los diez asistentes tuvimos la oportunidad de presentarnos y compartir algunas reflexiones.

Me llamó la atención y la dedicación que el Papa Francisco ponía al escuchar, él estaba visiblemente presente mientras cada persona hablaba. A pesar de sus muchas responsabilidades y del hecho de que se encontraba lidiando con un resfriado (lo cual supimos más tarde), no dejó de responder a cada persona con interés y, a menudo, con humor. Fue conmovedor, él nos brindó a cada uno el don de la presencia plena.

En el acelerado mundo de hoy, estar plenamente presentes para alguien más es un acto que resulta sencillo, pero no se ve muy a menudo. Qué fácil nos sumergimos en nuestra propia agenda sin ganas de dejar tiempo o espacio emocional para los demás. Esto me recuerda al simple, pero humilde, acto de Jesús lavándoles los pies a los discípulos en el Evangelio de hoy.

Al atestiguar la presencia plena del Papa Francisco, sentí como si las palabras “hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes” me las hubieran dicho a mí. Porque si incluso alguien como el Papa Francisco puede tomarse una hora para estar cuidadosamente presente para diez extraños, ¿no podría yo hacer lo mismo?

Mientras entramos a los dias mas sagrado, ¿cómo podríamos ofrecer este tipo de presencia plena? Podría ir dirigida a las personas que nos rodean, a situaciones de profundo sufrimiento de todo el mundo, a la creación o a Jesús mismo mediante el seguimiento de su muerte y su resurrección. Quizás al liberarnos de la dependencia de nuestras agendas podamos descubrir el tipo de presencia plena que Jesús ya nos ofrece en todo momento. 

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