JOSÉ ARNULFO CABRERA | 26 junio 2020
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Ha pasado una semana desde el decisión favorable sobre el caso de DACA y aún no he podido procesar mis emociones. Sólo me recuerdo en todo las horas que pasado en abogacía por DACA, en los beneficiarios de DACA que he conocido, en las historias que escuchado, en la gente que quedó excluida y en las deportaciones. Pero sobre todo pienso en los organizadores que han luchado para que pudiéramos tener DACA. Muchos de los beneficiarios actuales de DACA eran demasiado jóvenes para ayudar en la lucha para obtener DACA.  ¿Quiere saber lo que yo estaba haciendo cuando miles de organizadores obligaron al presidente Obama a firmar la orden ejecutiva? Me estaba preparando para participar en una sentada en la oficina de campaña de Obama en Cincinnati, Ohio. Pero en el último momento, me acobarde. Jamás me lo he perdonado, especialmente porque Marcos Saavedra, mi mentor activista, participó pero nunca tuvo DACA.

Por toda mi vida he trabajado por una reforma migratoria. Este trabajo me dejado adormecido y lleno de cicatrices de batalla espirituales. Un psicólogo me dijo una vez: “Creo que esa es tu forma de expresar que sufres de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).”

 Jueves, el 25 de junio, la Corte Suprema decidió que los aplicantes de asilo no tienen derecho de apelación ante un corte federal si su aplicación de asilo es negada por un agente de inmigración.  Con un resultado de 7 a 2, la Corte Suprema le está dando vía libre al gobierno de Trump para acelerar las deportaciones de los solicitantes de asilo. 

El fallo del Tribunal es la forma más reciente en que nuestro gobierno le falla a aplicantes de asilo. Jueves, el 25 de junio, el Young Center for Immigrant Children’s Rights publicó un informe titulado “Family Separation is Not Over” (La separación de familias no ha terminado). El informe comparte cómo, incluso después de que la política de tolerancia cero terminara, se ha seguido separando a niños de sus padres. El informe señala: “Tres casos en los que la separación familiar podría seguir estando permitida: peligro para el niño, enfermedad contagiosa y antecedentes penales del padre o la madre. Por desgracia, estos factores son difusos y se dejaron sin definir, dejando un amplio margen para la interpretación.”

Mientras tanto, miles de solicitantes de asilo están atascados a la espera de juicio en las peligrosas condiciones de los centros de detención de inmigrantes. Muchos defensores, incluyendo nuestros socios de Kino Border Initiative, han expresado su temor a que los centros de detención se conviertan en el próximo foco de propagación del COVID-19. Desde que el gobierno de Trump promulgó la política “Remain in Mexico” (Quédate en México) en enero de 2019, otros miles de aplicantes de asilo se han visto obligados a vivir en condiciones espantosas en las ciudades fronterizas del norte de México. Desde el comienzo de la pandemia, el gobierno de Trump cerró parcialmente nuestras fronteras para viajes no esenciales, y está considerando a aplicantes de asilo como viajeros no esenciales. 

Los solicitantes de asilo vienen huyendo de terribles condiciones en sus países de origen; muchas de estas condiciones fueron iniciadas y exacerbadas por la política exterior de los Estados Unidos. La decisión de la Corte Suprema no sólo niega los derechos de asilo, sino que también niega su condición humana al no permitirles luchar contra una mala gestión de su caso por los agentes de inmigración. Con ello, el Gobierno de los Estados Unidos envía un claro mensaje: “Diles que no nos importa si nos hemos equivocado, no son bienvenidos aquí.”

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