JOSÉ ARNULFO CABRERA | 7 de agosto de 2020
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El 18 de junio de 2020, la Corte Suprema determinó que la forma en que la Administración Trump puso fin al programa DACA no se ajustaba a la Ley de Procedimiento Administrativo (APA) y que la Administración debía restablecer DACA a su forma original de 2012. Fue una sorprendente decisión que mis compañeros defensores de la inmigración y yo no esperábamos. Miles de personas esperaban que el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS) comunicará cuándo comenzaría a aceptar nuevas solicitudes de DACA y aplicaciones de advance parole, pero no se pronunció al respecto.  Posteriormente, el 17 de julio, un juez federal de Maryland ordenó a la Administración Trump que comenzará a aceptar nuevas solicitudes de DACA. En lugar de hacerlo, la Administración tomó el primer paso para acabar permanentemente con el programa DACA.

El pasado martes, 28 de julio, el USCIS emitió un memorándum sobre DACA. El secretario interino Chad Wolf  señaló: “con todas mis preocupaciones por esta política, he determinado que se deben hacer ciertos cambios en ella de inmediato para limitar su alcance de forma provisional.” Anunció que a partir del día 28;

  • no se aceptarán nuevas solicitudes de DACA y se ordenará a los funcionarios del USCIS que denieguen cualquier nueva solicitud de DACA presentada,
  • aplicaciones de advance parole solo se darán circunstancias excepcionales
  • y la renovación de DACA y los permisos de trabajo se concederán por un año en lugar de dos.

Me ha costado mucho asimilar este memorándum. He tenido pesadillas y problemas para dormir. Ha habido momentos en los que me he enojado tanto que he acabado aislándome.

En abril recibí la renovación de mi DACA, válido hasta el 2022. Mi abuelo falleció a mediados de marzo mi abuela podría irse de este mundo pronto, y por COVID no podría ir a despedirme de ella, incluso aunque la ley me lo permitiera. Este memorándum personalmente no me afecta mucho, pero en los últimos días he recibido muchas llamadas de jóvenes indocumentados que desean obtener información sobre cómo solicitar su DACA. El lunes anterior a la publicación del memorándum, un profesor de una escuela secundaria jesuita me comentó que estaban trabajando con la escuela para ayudar a sus estudiantes a pagar sus solicitudes de DACA.

Según el Centro para el Progreso Americano, a 55,500 jóvenes indocumentados que cumplían con los requisitos para el DACA se les privó de dicha oportunidad. 55,500. Hablamos de 55,500 historias, vidas y sueños: americanos a quienes les estamos negando la oportunidad de participar plenamente en nuestra sociedad. Y a cinco de ellos tuve que decirles por teléfono que ya no podían presentar la solicitud.

Lo que más me enfurece es que haya tanta gente que al parecer no entiende que este es como Trump está comenzando el acabo con DACA. En lugar de hacer lo que la corte suprema les dijo, y como un juez federal de Maryland, decidieron de comenzar a desmantelar el programa. Muchos medios de comunicación, incluidos los resultados de noticias en español, utilizaron titulares confusos que daban a entender que la Administración Trump permitiría que DACA permaneciera vigente durante otro año más. Tengo claro que la política de inmigración, la ley y todo el sistema son confusos, de hecho, en los últimos años se han complicado todavía más. Sin embargo, todos y cada uno de los defensores de la inmigración dijeron una y otra vez en las horas posteriores al memorándum: “Este es el primer paso para la cancelación del programa”.

El anuncio positivo de la Corte Suprema por DACA duró poco y me ha dejado un mal sabor de boca. Mi comunidad de indocumentados recibió un duro golpe. Mi comunidad de indocumentados está sufriendo. Yo estoy sufriendo. Mi comunidad de indocumentados está cansada de vivir constantemente a la defensiva por culpa de esta agenda supremacista blanca y contraria a los inmigrantes. Yo estoy cansado.

James Baldwin escribió una vez: “La esperanza es algo que se forja a diario”.

He pasado más tiempo con inmigrantes que con ciudadanos nacionales. Lo que he aprendido de mis hermanos inmigrantes es que hay que encontrar esperanza en aquellos momentos de la vida en los que parece no haberla. Puede que nos sintamos agotados, pero estamos lejos de darnos por vencidos. La valentía y firmeza de mi comunidad de indocumentados es mi nueva esperanza.

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