Memoria y vigencia de los mártires de la UCA, 25 años después

meloCada año el campus universitario de la UCA de San Salvador es tomado por asalto de amor y de memoria por las comunidades cristianas y el pueblo de buena voluntad tanto de El Salvador como por delegaciones de muchas partes del mundo. Hoy nos congregamos aquí para unirnos a esa memoria de mártires. Cuanto más se aleja en el tiempo, los acontecimientos sangrientos de nuestros hermanos y hermanas más crecen en la memoria popular, y más luz irradia la vida y el testimonio de nuestros mártires sobre los hechos sangrientos y de injusticia que hoy prolongan el viacrucis de nuestros pueblos.

Esta conmemoración expresa lo mejor y más hermoso de la reserva mística de los pobres, y actualiza la lucha por una sociedad más justa, tan necesaria en estos tiempos de tanta injusticia encubierta, y de olvido de la historia verdadera de los pueblos. Hace 25 años ocho cuerpos fueron despedazados en una universidad centroamericana. Hoy un promedio de veinte seres humanos hondureños menores de 30 años caen víctima por las mismas fuerzas del horror y de la impunidad que asesinaron a nuestros hermanos jesuitas.

Con la celebración de este 25 aniversario, se proclama que la sangre y el martirio siguen siendo fuente de compromiso para despertar a los pueblos de su apatía y de sus frustraciones. Frente a los mártires, muy poco lugar hay para las depresiones personales, grupales e institucionales, porque su entrega suprema nos recuerda que la vida adquiere pleno sentido si nos ponemos en actitud de escucha y de búsqueda de respuestas a las miles de personas, hombres, mujeres y niños que siguen debatiéndose cotidianamente para evitar morir de hambre o caer abatidos por una violencia irracional. Frente a los cuerpos destrozados de los mártires muy poco lugar queda para entendernos con el imperio del mal que hoy sigue despedazando cuerpos en Honduras en nombre de una democracia y de un Estado de derecho inexistentes.

Con la conmemoración de los mártires recordamos que los centroamericanos derramaron mucha sangre por tener un país más humano y compartido y, a pesar de tanto sacrificio, son muchísimos los compatriotas que siguen buscando diariamente con afán una salida hacia el Norte porque las oligarquías no dan cabida para que nuestros países sean espacios compartidos con igual dignidad por toda su gente. Centroamérica sigue siendo cada vez con mayor evidencia una patria para poquitos. Y aunque muchos centroamericanos siguen amando y soñando en su tierra desde esta tierra extraña, la patria y los bienes de nuestros pequeños países se los reparten cada vez menos familias.

Las desigualdades sociales y económicas son hoy mucho más dramáticas que como eran en 1989. Los economistas neoliberales hablan de crecimiento macroeconómico, pero la brecha entre ricos y pobres es inmensamente más grande que hace 25 años, hoy ahondada con la radicalización del modelo de la industria extractivista basada en la explotación ilimitada de nuestros bienes naturales sin respetar las culturas y economías de las comunidades. La vida y las palabras de nuestros mártires deben seguir siendo para nosotros un aguijón que nos debe empujar a un mayor compromiso con las poblaciones que padecen en carne propia las concesiones de riqueza mineral, del agua, de los bosques y de los cultivos a gran escala y sin control de la palma africana.

Hoy, la militarización en países como Honduras se ha convertido en una opción tanto para la oligarquía como para el propio gobierno de los Estados Unidos en el marco de una política de seguridad que se define desde los intereses de Estados Unidos, sin nosotros los hondureños y cada vez más en contra de nosotros. No hay mayor daño para nuestro país destrozado que añadir a la violencia de los fuertes más armas, más militares y más policías sin haber resuelto la impunidad institucionalizada. El gobierno de Estados Unidos tiene una alta dosis de responsabilidad en la impunidad y en la militarización de nuestra sociedad. Y por tanto, la administración de Estados Unidos cuando habla de paz inevitablemente lo hace con las manos, las mentes y las palabras llenas de sangre inocente.

Enseñanzas a la luz de nuestros mártires:

1- Los mártires fueron pioneros en analizar y proponer una salida negociada al conflicto armado, en ellos se unen la fe con la ciencia, la academia con la dimensión profética, el trabajo intelectual con la entrega generosa, la fe con la justicia. Ninguna salida a la violencia y a los conflictos sociales se resuelven con la militarización de la sociedad.
2- Con su asesinato, la sociedad nacional e internacional se convenció de que no podía existir solución alguna mientras las partes en conflicto no se sentaran para buscar una salida negociada a la guerra. Con su muerte, los mártires enseñaron que el diálogo y la negociación siguen siendo instrumentos privilegiados para buscar respuestas serias a los conflictos de la sociedad. La política de seguridad del gobierno de los Estados Unidos, basada en armas y entrenamiento, es completamente opuesta al legado de nuestros mártires, y convierte hoy a Honduras en lo que fue el salvajismo de El Salvador hace 25 años, con el añadido de crueldad y masividad que adquieren hoy las masacres.
3- El diálogo y la negociación no bastan por sí solos. Es necesario acompañarlos de la presión y las demandas de los diversos sectores de la sociedad. Es necesario que las universidades, las diversas instituciones de las sociedad civil hagan sentir su palabra. En Honduras hoy necesitamos la presencia activa de la solidaridad cualificada de las universidades e instituciones no gubernamentales de los Estados Unidos en apoyo a la defensa de los derechos humanos de quienes luchan por la tierra, la defensa de sus comunidades y por el derecho a la libertad de expresión y de organización.
4- La masacre de la UCA estremeció al mundo entero y movió a un compromiso internacional para acabar con todas las barbaries que en aquel crimen se resumían. Las masacres cotidianas, el compromiso de la policía y los militares hondureños con la criminalidad debe conmovernos, y exigir al gobierno de los Estados Unidos que saque sus manos sangrientas en respaldo con los oficiales militares y policías asesinos. La impunidad es factor decisivo para que los crímenes y la violencia se implanten, y el gobierno de Estados Unidos sigue dando respaldo a los sectores políticos y económicos más comprometidos con la impunidad.
5- La paz es mucho más que el final de un conflicto armado, y la firma de los acuerdos de paz de enero de 1992 en El Salvador apenas abrió las puertas para una lucha permanente que tiene como meta arrancar las raíces de las desigualdades. La búsqueda de la paz en Honduras ha de llevar al compromiso con la apuesta por el funcionamiento real de las instituciones del Estado de Derecho y porque se fortalezcan las organizaciones ciudadanas defensoras de derechos humanos, medios de comunicación populares y los liderazgos sociales y populares.
6- Necesitamos rehacer y tejer de nuevo los tejidos sociales, humanos, económicos, religiosos y culturales rotos en Honduras. Una de estas expresiones de ruptura se manifiesta en el aumento doloroso de la migración, fenómeno que se hace mucho más peligroso y cruel con las políticas migratorias discriminatorias por parte del gobierno de los Estados Unidos. Unir redes, rehacer tejidos con los migrantes y refugiados hondureños y centroamericanos es sin duda la más grande y tierna expresión de fidelidad con la sangre de nuestros mártires. Unir los tejidos rotos y la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas migrantes refugiados nunca serán posibles con las armas, con la violencia ni con el respaldo a la oligarquía y los políticos corruptos e impunes.
7- 25 años después, los gobiernos centroamericanos siguen comprometidos con un modelo de sociedad que ahonda las desigualdades sociales, y en este empeño cuentan con el pleno respaldo de los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá y de la Unión Europea, y de las corporaciones multinacionales que impiden que se desarrolle una economía criolla y nacional basada en la mediana y la pequeña empresa. En este modelo de sociedad –que hoy se expresa en la explotación indiscriminada de nuestros bienes naturales, especialmente la minería, el agua, los bosques y la tierra–reside la raíz estructural de la violencia, la marginalidad, la migración y el empobrecimiento. Mientras no se desarraigue esta “guerra económica y guerra contra nuestra madre naturaleza” muchas otras violencias y exclusiones mantendrán sin paz a nuestros pueblos.

La memoria de los mártires es un aguijón en la conciencia de los pueblos. Y las fiestas para recordarlos se constituyen en instrumentos de lucha y de subversión ante un sistema que se afana en consumir a los pueblos en el olvido.

Hoy tenemos que hacer frente a la guerra que nos va matando despacito pero con efectividad, con políticas de Estado, crímenes organizados, violencias callejeras y modelo explotador extractivista. No hay lugar para quedarnos tranquilos. El aniversario de los mártires nos trae la memoria y el olor de su sangre la cual no puede dejarnos vivir ni descansar en paz, mientras las condiciones que estremecieron sus vidas y provocaron sus muertes sigan presentes. Hace 25 años esa sangre estalló en el campus universitario de la UCA de San Salvador. Hoy sigue estallando en Honduras, y nos toca ver de frente el horror de la sangre y de los cuerpos despedazados para encontrar en ellos la mística de nuestra fe para emprender un nuevo rumbo, sin maquillar una democracia que no existe, sin maquillar un modelo que nunca dejará de ser violento y cruel. Ver de frente el horro de los cuerpos destrozados nos salva de las componendas y de la tentación de entendernos con el imperio a cambio de migajas.

La exigencia por comprometernos con quienes hoy se desangran en este país olvidado, inexistente para los bien pensantes, y despedazado por la guerra criminal absurda, y por políticas erradas del gobierno de los Estados Unidos a favor de una militarización y policial absurdas, es el más espléndido homenaje para recordar y seguir el camino de los mártires jesuitas, y a Elba y Celina, como se lo merecen.

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  1. […] the Ignatian Solidarity Network’s website. Padre Melo’s original talk in Spanish can be found here. Photo is from the Ignatian Solidarity […]

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