POR P. RAFAEL GARCIA, S.J. | 24 de marzo de 2019
Segundo Domingo de Cuaresma
Lecturas diarias
English Reflection

La vida y nuestra fe están llenas de misterios y aparentes contradicciones. Uno de esos misterios es cómo Dios transforma la desolación y el pecado en fortaleza interior.

Moisés es la personificación de esto. El gran héroe de los israelitas y el líder del éxodo era un hombre completamente desolado (ver, por ejemplo, los capítulos 2-4 del Libro del Éxodo, incluyendo la primera lectura del día de hoy). Fue testigo de cómo su hermano hebreo fue abusado por un egipcio y decidió matarlo. Cuando fue descubierto, huyó a un país extranjero.  Tiempo después, mientras estaba cuidando sus ovejas, Dios se le reveló en el misterio de la zarza ardiente y lo convirtió en líder de la liberación de los israelitas. Dios, en la búsqueda de la justicia, utilizó la violencia y el pecado de Moisés para reformarlo y darle un nuevo propósito.

Moisés siempre daba excusas y se resistía al llamado, pero Dios perseveró y Moisés aceptó. El confió y aprendió de su nuevo y difícil camino sirviendo como instrumento de Dios para la liberación de su pueblo.

Un estudiante de la universidad “Spring Hill College (Alabama)” que participó en nuestro programa “Proyecto Encuentro”, compartió su experiencia de servicio a las familias que buscaban asilo en el hogar “Loreto-Nazareth” y comentó  muy sabiamente: “es desconcertante que en medio de tanto sufrimiento uno experimente tanta compasión y generosidad. ¡Un misterio! Los asilados, en medio de su dolor pueden convertirse en fuente de fortaleza para nuestra nación.”

Cuando yo era joven, anhelaba eliminar mis heridas y dolores para así hacerme más fuerte. La vida me permitió comprender que misteriosamente esas heridas pueden convertirse por la Gracia de Dios en mis fortalezas. ¿No nos pasa a todos lo mismo?

Es sabio admitir nuestras debilidades y el amor transformador de Dios en nuestras vidas. Podemos mirar con esperanza y gratitud hacia el pasado. Le funcionó a Moisés, María Magdalena, la Mujer Samaritana, Pedro, Pablo, Ignacio y a muchos otros.

[Traducción facilitada y proporcionada por Carlos Aedo (director of Hispanic ministries, Office of Ignatian Spirituality, Maryland and USA Northeast Provinces of the Society of Jesus) y Zandra Schiemann.] 

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