POR MATT IPPEL, S.J. | 5 de abril 2019
Lecturas diarias
English Reflection

“Ese khawaja, él es el piloto”. Escuché por casualidad estas palabras mientras regresaba al centro del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) con Stephen, un refugiado que ayuda a proporcionar servicios psicosociales. Mientras caminamos, Stephen se reía, traduciendo la frase: khawaja significa extranjero. Muchos trabajadores humanitarios son extranjeros que van y vienen, como los pilotos y sus aviones.

En Maban, Sudán del Sur, el hogar de unos 150,000 refugiados repartidos en cuatro campos de refugiados, la tentación de pilotear dentro y fuera del campo es real. El trabajo transformador que hace JRS es una pequeña pieza de un rompecabezas más grande y complicado. Y, a la vez, el calor puede ser abrumador. Estar separado de mis amigos cercanos y de alimentos reconfortantes se puede asilar aún más. Escuchar historias de sufrimiento y abandono es desgarrador. Además, la violencia y los altos niveles de inseguridad son amenazadores. Entonces, sí, hay momentos en los que desearía ser piloto.

Reflexionando sobre el Evangelio, me doy cuenta de la facilidad con que Jesús pudo pilotear en las tierras de leche y miel, solo para irse después de que los desafíos y las amenazas se intensificaran. Podría haber atenuado las denuncias de injusticias. Pudo haber aligerado el radicalismo de su amor.

Sin embargo, Jesús optó por quedarse con los marginados y los excluidos. Y lo hizo en medio de la humillación y la persecución. En cualquier momento, pudo haber evitado ser ignorado, estigmatizado, criminalizado y, finalmente, asesinado. En cambio, Jesús entró en nuestro mundo para echar su suerte explícitamente con los marginados y los oprimidos para encender la justicia y el amor. Jesús no piloteó; aterrizó el avión y permaneció en tierra, permaneció con nosotros.

Así pues, Jesús nos desafía a abrazar el discipulado radical, exigiéndonos que nos coloquemos junto a los despreciados y perseguidos e invitándonos a “ir y hacer lo mismo”. ¿Cómo estoy llamado a liberarme de la tentación de pilotear mediante realidades desafiantes y desgarradoras que enfrenta nuestro mundo? ¿Cómo me quedo, como Jesús, con los refugiados, huérfanos, viudas, etc., y abro las puertas de la justicia y la paz en nuestro mundo?

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