POR P. BRYAN MASSINGALE | 7 de abril de 2019
Quinto Domingo de Cuaresma
Lecturas diarias
Reflection in English

El texto del Evangelio de hoy es tradicionalmente conocido como el de “la mujer adúltera”. Sin embargo, me llama la atención la parte del texto donde dice que pusieron a esta mujer de pie ante Él. El grupo de hombres la obligó a ponerse en medio de la turba enfurecida que quería matarla. No les era suficiente someterla a una ejecución que supusiera el mayor dolor posible. Además querían avergonzarla y ponerla como un claro ejemplo de alguien que viola los derechos, propiedad de los hombres, que es como se definía el adulterio en esos tiempos. Eso también explica por qué ella fue la única merecedora del castigo, aún sabiendo que se necesitan de dos personas para cometer el adulterio.

La violencia de este pasaje, se intensifica al ver que la humillación pública de la pobre mujer era un medio para conseguir otro fin: atacar a Jesús y presentar cargos en su contra. El abuso emocional y la violencia física en contra de la mujer fueron pretextos para encontrar una manera de amenazar a un hombre que se atrevió a salirse de los límites prescritos por su fe y su cultura.

El título tradicional de este texto del Evangelio hace que sólo se centre la atención en la conducta de la mujer. Muchos predicadores, entonces, se enfocan solamente en el peligro de la actividad sexual fuera de los márgenes del compromiso y en la exhortación final de Jesús: “Vete y no vuelvas a pecar”. Sin embargo, esto no deja ver la distorsión de una sociedad y de una fe que sacrifican la vida de una mujer para resaltar el valor de los hombres y justificar ciertas conductas masculinas.

La conocida teóloga Elizabeth Johnson dice que el problema no es que Jesús haya sido hombre, sino que no existan más hombres como Jesús. Él es el modelo de masculinidad auténtica. Él invita a las mujeres a verse de un modo distinto al que una fe y una sociedad distorsionadas promueven. Jesús desafía a los hombres a valorar a las mujeres igual que a ellos mismos. Su espíritu inspira las cosas nuevas que Dios está haciendo por medio de tantos movimientos que trabajan por sociedades más justas y que promueven el bienestar de todos, sin importar su género.

Traducción facilitada y proporcionada por Carlos Aedo (director of Hispanic ministries, Office of Ignatian Spirituality, Maryland and USA Northeast Provinces of the Society of Jesus) y Zandra Schiemann.] 

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